¿Blade Runner 2049 es un replicante?

Superar un clásico en el cine es casi imposible y mas cuando hablamos de Blade Runner, ,  un film existencialista, cargado de una filosofía sobre la vida, el tiempo y el mundo reflejado en una urbe pots apocalíptica planteada por Ridley Scot en 1982. Llegar a igualar el trabajo hecho hace 35 años  fue una labor muy difícil para el director Denis Villenueve, quién toma el mando para hacer una secuela que parecía imposible plantearse, pero gracias al ingenio del realizador canadiense, la cinta ahora protagonizada por Ryan Gosling hace los deberes y tiene su aporte individual a la ciencia ficción, aunque no es mejor que su predecesora.

 

Ojo Global Noticias

 

Por Mario Quiroz

 

Ridley Scot en 1982 tuvo que pelear con los productores para que su film quedará como él quería, aunque su premio final lo obtuvo en 2007 con la versión lanzada en DVD “Blade Runner, director cut”, su planteamiento era sencillo, basada en la novela Philip K. Dick (1928-1982), “Sueñan los androides con ovejas eléctricas”, el realizador británico inventó un mundo con elementos esquemáticos del Ciberpunk, Manga y cuestionamientos hacia las acciones de los seres humanos y sus miedos ante la existencia, principal el «tiempo que tenemos».

 

Su argumento se puede resumir en líneas sencillas: un cazador de replicantes (humanos artificiales avanzados, pero con corta vida) se enfrenta a un grupo de ellos fugados ya que quieren buscar a su creador para que les de más tiempo de vida, y por el camino se enamora de un ser artificial. Todo sin apenas desviarse de una línea recta argumental que evolucionaba en la parte final en la que el policía que buscaba a los infiltrados rebeldes era también otro replicante.

 

Tampoco a nivel conceptual ‘Blade Runner’ era excesivamente compleja: sus disquisiciones sobre las inteligencias artificiales tomando consciencia de sí mismas llevaban ya mucho tiempo siendo analizadas con mucha mayor profundidad por la literatura de género. Es su mezcla de una ambientación irrepetible, un ritmo y unos personajes absolutamente deudores de la literatura hard-boiled, un trabajo de atmósfera impecable y unos actores que dan trascendencia el enigma de sus personajes, lo que la convirtió en un clásico de culto.

 

 

Usted no encontrará ninguno de estos elementos en la película Blade Runner 2049, lo que Villenueve intenta es replicar la brillantez de la película de Scott imitando, potenciando, remezclando muchos de los elementos que hicieron grande a aquella. En algunos momentos, es indiscutible, lo consigue: el valor de la película del canadiense como espectáculo visual está fuera de duda, además de brindar un enfoque gráfico de la sociedad avanzada, pero en retroceso en su evolución, esta visión fue una de la misiones que se planteó el realizador la cual logra con éxito.

 

 

‘Blade Runner 2049’ nos presenta a un nuevo cazador de replicantes, K (Ryan Gosling), al que pronto identificamos como alguien de naturaleza especial. Es él quien en el transcurso de una investigación descubre la posibilidad de que los replicantes se alcen contra los humanos gracias a la aparición de una criatura de cualidades casi crísticas, y que implican a un Blade Runner retirado y que tuvo una relación con una replicante, Deckard (Harrison Ford).

 

En esta segunda parte, se le da énfasis a los enfrentamientos. Por cada secuencia de acción impecable y filmada con gusto y ritmo (desde la que abre la película a la que enfrenta a Gosling con Ford, llena de encantadores guiños a una cultura pop que ha perdido todo el sentido) hay intentos algo banales de profundizar en la personalidad del héroe (cómo sus secuencias al más puro estilo ‘Her’ con la IA interpretada por Ana de Armas). Que, por muy bien rodadas que estén (la secuencia íntima entre ambos y una tercera persona tiene instantes cautivadores), delatan lo esquemáticamente construido que está su carácter.

 

 

‘2049’ tiene multitud de brillantes ideas argumentales y visuales que luchan por permanecer en la memoria del espectador. Los escenarios post-apocalípticos. La personalidad de la IA de K. Todo lo relacionado con la génesis y crianza de los androides. La constructora de memorias. Los desconcertantes y agresivos tests que hace K cuando va a ver su jefa. Una amalgama de conceptos aislados que no van a ninguna parte, pero que demuestran que Villeneuve será un sentimental, pero también sabe entretejer buenas ideas de género.

 

 

Ahora si usted espera un discurso a la altura de Roy (replicante y antagonista principal de la primera parte), como en el final de la película de 1982, o un acoso de terror como el del humano artificial, que pasa a ser de la víctima al cazador, lamento decirle que aquí no lo va encontrar y perderá su tiempo “cómo lágrimas en la lluvia” .

 

Pero si le puedo garantizar que disfrutará de un buen tiempo en su butaca, con ideas y mensajes dignos de analizar y contrastar con la realidad de nuestras sociedades y hacia dónde se dirigen en los procesos ideológicos dónde la tecnología ahora domina.

 

La película en sí misma es un replicante de la primera, pero ¿es que acaso todas las segundas partes no lo son? Villenueve por su parte  es una especie de James Cameron co su trabajo realizado en Aliens 1986, la continuación de Alien 1978. El director se encarga de responder las dudas de la primera parte y hace evolucionar a los personajes para dar sus capacidades al máximo para desentrañar la trama con los efectos y las preguntas existenciales y temáticas.

 

Scot planteó algo nuevo con su música de Vangelis en la visión de la oscuridad de la humanidad hacia la creación de herramientas en una ciudad caótica , aquí el canadiense busca profundizar más en ese drama y lo logra con éxito para entregar una buena secuela.

 

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